Columna: Reformulando el aburrimiento

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Creo que más de la mitad de mi vida la he llevado arriba de la máquina, dentro de la máquina, manejando la máquina, debajo de la weá de máquina, y así. Después de un año lleno de altos y bajos, donde la mitad del semestre lo viví más en una cama de hospital que en mi propia cama, se me presentó algo temido y mal mirado: el aburrimiento.

Sí, aburrimiento. Esa mujer productiva que vivía de café y comida rápida se había terminado en el 2021, y tuve que verme cara a cara con momentos de ocio. En un principio, simplemente quería mover el poto aunque sea para ir al baño, pero fueron tantas las oportunidades donde miraba más el techo que la tele, que decidí darle una vuelta a esta cosa que veía despectivamente, pero que estaba siendo un fiel compañero.

Me lancé a una nueva aventura en mi vida. ¡Aburrimiento ven a mí! Me di cuenta que muy pocas veces en los últimos años había dejado entrar a este compañero en mi vida. Todo lo contrario, intentaba ser productiva, fuerte, ocupada, madre leona (léase como el video), y emprendiendo siempre. Analizando hacia atrás, quizás nunca le había dado oportunidad a este amigo aburrido a presentarse y tomar un café cara a cara con él.

Luego de años de no parar y donde el cuerpo me pasó la cuenta, quizás estar aburrida y mirando el techo también era un premio, ¿no? Me explico, tranqui. Después de este tiempo, entendí que lo llamaba así porque no sabía parar, hacía cosas por mí pero eso no significaba parar, significaba que buscaba cosas para siempre estar en movimiento, ¿cachay? Pero estar no necesariamente significa siempre estar en movimiento para avanzar. Quizás, también es bueno mirar el techo un ratito para reflexionar, sacar cuentas alegres o conclusiones mezquinas de nuestra vida.

Te quiero contar algunas cosas que pude dilucidar en estos días que finalmente me entregué al aburrimiento. Me di cuenta que nunca había parado y que mi salud me recordaba que podía fingir que estaba relax, pero nunca estaba relax, porque la weona ¡nunca dejaba de pensar! Era necesario no pensar nada, era necesario ver correr el viento al frente tuyo, que la mosca se parara en el brazo, que me lavaran el poto mientras estaba hospitalizada, y así. Era necesario aburrirme y disfrutar aburrirme porque durante años pensé que luchaba con un enemigo oculto, y realmente era conmigo misma, y la ganas de demostrarme que podía.

También entendí que me metieron tanto en la cabeza que el éxito era lograr cosas, que parar lo veía como un pecado. Saber parar también es ser exitoso, también es quererse y también es parte del amor propio. Así que comencé a parar sin sentir culpa de que lo hacía, quizás ya no iba a construir un edificio como alguna vez soñé cuando chica, pero sí iba a disfrutar de lo que hasta el momento había logrado y que era mucho. Y me di cuenta de todo lo que había logrado porque supe parar también, o quizás nunca me habría dado cuenta que estaba metida en el “no es suficiente”. Porque, ¿qué es lo suficiente? Quizás responder esta pregunta prolongaría nuestro intento de querer más, de mirar al lado y querer lo mismo, de no parar por ti y contigo misma.

Debo admitir que este tiempo para mí ha sido clave para reevaluar el éxito, y entender qué es realmente ganar. ¿Quizás será disfrutar más tiempo con mis hijos?, ¿escuchar realmente lo que me cuentan y concentrarme en lo que hablan sin estar mirando el celular?, ¿mirar el techo y decirme “seca, podí mirar el techo”?, ¿sentarme en la mesa a tomar té y putear porque los niños no se sientan?, ¿escribir weás y disfrutar de escribir weás?

He decidido rediseñar mi concepto de aburrimiento y mandarme a la chucha cuando me diga: “qué aburrida estoy”, y ocuparlo para disfrutarme, disfrutar a los que quiero, soñar despierta, descubrir weás buenas de estar aburrida, y sobre todo, desconectarme. Creo que ya llevo un tiempo practicando lo que les estoy predicando. Les iré contando mis aventuras con este compañero de vida.

PD: Jamás dejé que me lavaran el poto, era para dramatizar el texto.

Carmen Castillo @carmentuitera

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